domingo, 19 de abril de 2009

Cernuda


Cernuda dedicó este hermoso poema a la muerte de Federico García Lorca.


A UN POETA MUERTO


Así como en la roca nunca vemos
La clara flor abrirse,
Entre un pueblo hosco y duro
No brilla hermosamente
El fresco y alto ornato de la vida.
Por esto te mataron, porque eras
Verdor en nuestra tierra árida
Y azul en nuestro oscuro aire.

Leve es la parte de la vida
Que como dioses rescatan los poetas.
El odio y destrucción perduran siempre
Sordamente en la entraña
Toda hiel sempiterna del español terrible,
Que acecha lo cimero
Con su piedra en la mano.

Triste sino nacer
Con algún don ilustre
Aquí, donde los hombres
En su miseria sólo saben
El insulto, la mofa, el recelo profundo
Ante aquel que ilumina las palabras opacas
Por el oculto fuego originario.

La sal de nuestro mundo eras,
Vivo estabas como un rayo de sol,
Y ya es tan sólo tu recuerdo
Quien yerra y pasa, acariciando
El muro de los cuerpos
Con el dejo de las adormideras
Que nuestros predecesores ingirieron
A orillas del olvido.

Si tu ángel acude a la memoria,
Sombras son estos hombres
Que aún palpitan tras las malezas de la tierra;
La muerte se diría
Más viva que la vida
Porque tú estás con ella,
Pasado el arco de tu vasto imperio,
Poblándola de pájaros y hojas
Con tu gracia y tu juventud incomparables.

Aquí la primavera luce ahora.
Mira los radiantes mancebos
Que vivo tanto amaste
Efímeros pasar junto al fulgor del mar.
Desnudos cuerpos bellos que se llevan
Tras de sí los deseos
Con su exquisita forma, y sólo encierran
Amargo zumo, que no alberga su espíritu
Un destello de amor ni de alto pensamiento.

Igual todo prosigue,
Como entonces, tan mágico,
Que parece imposible
La sombra en que has caído.
Mas un inmenso afán oculto advierte
Que su ignoto aguijón tan sólo puede
Aplacarse en nosotros con la muerte,
Como el afán del agua,
A quien no basta esculpirse en las olas,
Sino perderse anónima
En los limbos del mar.

Pero antes no sabías
La realidad más honda de este mundo:
El odio, el triste odio de los hombres,
Que en ti señalar quiso
Por el acero horrible su victoria,
Con tu angustia postrera
Bajo la luz tranquila de Granada,
Distante entre cipreses y laureles,
Y entre tus propias gentes
Y por las mismas manos
Que un día servilmente te halagaran.

Para el poeta la muerte es la victoria;
Un viento demoníaco le impulsa por la vida,
Y si una fuerza ciega
Sin comprensión de amor
Transforma por un crimen
A ti, cantor, en héroe,
Contempla en cambio, hermano,
Cómo entre la tristeza y el desdén
Un poder más magnánimo permite a tus amigos
En un rincón pudrirse libremente.

Tenga tu sombra paz,
Busque otros valles,
Un río donde del viento
Se lleve los sonidos entre juncos
Y lirios y el encanto
Tan viejo de las aguas elocuentes,
En donde el eco como la gloria humana ruede,
Como ella de remoto,
Ajeno como ella y tan estéril.

Halle tu gran afán enajenado
El puro amor de un dios adolescente
Entre el verdor de las rosas eternas;
Porque este ansia divina, perdida aquí en la tierra,
Tras de tanto dolor y dejamiento,
Con su propia grandeza nos advierte
De alguna mente creadora inmensa,
Que concibe al poeta cual lengua de su gloria
Y luego le consuela a través de la muerte.

Como leve sonido:
hoja que roza un vidrio,
agua que acaricia unas guijas,
lluvia que besa una frente juvenil;

Como rápida caricia:
pie desnudo sobre el camino,
dedos que ensayan el primer amor,
sábanas tibias sobre el cuerpo solitario;

Como fugaz deseo:
seda brillante en la luz,
esbelto adolescente entrevisto,
lágrimas por ser más que un hombre;

Como esta vida que no es mía
y sin embargo es la mía,
como este afán sin nombre
que no me pertenece y sin embargo soy yo;

Como todo aquello que de cerca o de lejos
me roza, me besa, me hiere,
tu presencia está conmigo fuera y dentro,
es mi vida misma y no es mi vida,
así como una hoja y otra hoja
son la apariencia del viento que las lleva.

Como una vela sobre el mar
resume ese azulado afán que se levanta
hasta las estrellas futuras,
hecho escala de olas
por donde pies divinos descienden al abismo,
también tu forma misma,
ángel, demonio, sueño de un amor soñado,
resume en mí un afán que en otro tiempo levantaba
hasta las nubes sus olas melancólicas.

Sintiendo todavía los pulsos de ese afán,
yo, el más enamorado,
en las orillas del amor,
sin que una luz me vea
definitivamente muerto o vivo,
contemplo sus olas y quisiera anegarme,
deseando perdidamente
descender, como los ángeles aquellos por la escala de espuma,
hasta el fondo del mismo amor que ningún hombre ha visto.


Este es uno de mis favoritos

DONDE HABITE EL OLVIDO

Donde habite el olvido,

En los vastos jardines sin aurora;

Donde yo sólo sea

Memoria de una piedra sepultada entre ortigas

Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje

Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,

Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,

No esconda como acero

En mi pecho su ala,

Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,

Sometiendo a otra vida su vida,

Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,

Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;

Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,

Disuelto en niebla, ausencia,

Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;

Donde habite el olvido.

Luis Cernuda

Enlace Winkipedia: Cernuda
Leer más: Poemas de Cernuda

miércoles, 8 de abril de 2009

Vive hoy


No descubro nada si digo que Neruda es uno de mis poetas predilectos. Hoy he recibido un correo de mi amiga Ana en el cual me enviaba un pps con unas imágenes hermosas que acompañaban este poema.

Muere lentamente quien no viaja,
quien no lee,quien no oye música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito
repitiendo todos los días los mismos trayectos,
quien no cambia de marca,
no se atreve a cambiar el color de su vestimenta
o bien no conversa con quien no conoce.

Muere lentamente quien evita una pasión
y su remolino de emociones,
justamente estas que regresan el brillo
a los ojos y restauran los corazones destrozados.

Muere lentamente quien no gira el volante cuando esta infeliz
con su trabajo, o su amor,
quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir detrás de un sueño
quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida,
huir de los consejos sensatos…

¡Vive hoy!
¡Arriesga hoy!
¡Hazlo hoy!
¡No te dejes morir lentamente!
¡No te impidas ser feliz!

viernes, 27 de marzo de 2009

Juan Gelman


Recuerdo que me alegré cuando le concedieron el Príncipe de Asturias y pensé que nunca un premio fue tan merecido. Por su poesía, por su voz, por su coraje y por su vida, merecía el galardón.
En el mundial de futbol de Argentina, entró a hurtadillas en el país para que el mundo volviera la mirada a las atrocidades del régimen militar argentino, a los desaparecidos, a la tortura, a la represión… El poeta sabía que su hijo y su nuera habían sido secuestrados, pero aún desconocía que ya estaban muertos. Los militares, en el marco de aquella siniestra Operación Cóndor de colaboración entre tiranías para el exterminio, secuestraron en 1976 a su hijo, Marcelo, y a su nuera, Claudia.
Al primero lo asesinaron, metieron el cadáver en un depósito, lo llenaron de cemento y lo arrojaron al río Luján. Marcelo tenía 20 años.
A Claudia, que estaba embarazada de ocho meses, la trasladaron a Montevideo, a la espera de que naciera la niña y, dos meses después del parto, también la asesinaron, aunque sus restos nunca fueron encontrados. Tenía 19 años.
La recién nacida fue adoptada en ese mismo país por un policía y su esposa,, que aseguran que nunca supieron la procedencia real de la menor porque se la dejaron de forma anónima.
Casi treinta años después, Juan Gelman, tras una laboriosa investigación, en cuya etapa final recabó el apoyo de las autoridades uruguayas, dio con el paradero de su nieta y le descubrió su identidad. Tras los análisis de ADN, ella decidió cambiar sus apellidos y tomar los de sus padres biológicos asesinados: hoy se llama Macarena Gelman García.
En la Wikipedia aparece este fragmento de la carta a su nieto
Carta abierta a mi nieto (fragmento)
"Me resulta muy extraño hablarte de mis hijos como tus padres que no fueron. No sé si sos varón o mujer. Sé que naciste...Ahora tenés casi la edad de tus padres cuando los mataron y pronto serás mayor que ellos. Ellos se quedaron en los 20 años para siempre. Soñaban mucho con vos y con un mundo más habitable para vos. Me gustaría hablarte de ellos y que me hables de vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él. Para reparar de algún modo ese corte brutal o silencio que en la carne de la familia perpetró la dictadura militar. Para darte tu historia, no para apartarte de lo que no te quieras apartar. Ya sos grande, dije."

Escrita en 1995 y publicada en Brecha, el 23 de diciembre de 1998[
Nunca le doblegaron y por eso la escritora Diana Bellesi afirmó “Gelman - ha sido para muchos de nosotros una voz indomable y compañera"

Por la ternura.
Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.
¡Atención! Atención yo gritaba, ¡Atención!
Pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.
Juan Gelman

sábado, 7 de febrero de 2009

Edgar Allan Poe

El Bécquer americano y el primer gran maestro del relato corto, nació en Boston en 1809. El 19 del pasado mes de enero se celebró su centenario y recordé Berenice, aquel cuento suyo, que leí en un libro de Roger Vadim, que se titulaba "Vampiros entre nosotros".
Era la época en que el Sr. del círculo de lectores nos traía a casa un par de libros al mes, que yo elegía y mi madre pagaba.
Me atrajo mucho, esa neblina de misterio y romanticismo de sus escritos. Pero no fue hasta años más tarde, cuando descubrí la profundidad de su poesía.

UN SUEÑO
¡Recibe en la frente este beso!
Y, por librarme de un peso
antes de partir, confieso
que acertaste si creías
que han sido un sueño mis días;

¿Pero es acaso menos grave
que la esperanza se acabe
de noche o a pleno sol,
con o sin una visión?
Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño
dentro de un sueño.

Frente a la mar rugiente
que castiga esta rompiente
tengo en la palma apretada
granos de arena dorada.
¡Son pocos! Y en un momento
se me escurren y yo siento
surgir en mí este lamento:
¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo
retenerlos en mis dedos?
¡Oh Dios! ¡Si yo pudiera
salvar uno de la marea!
¿Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueño?
Versión de Carlos Arturo Torres

Fragmento sacado de A media voz

sábado, 24 de enero de 2009

Haruki Murakami

Murakami, se considera discípulo de los autores que ha traducido al japonés como Raymond Carver, Francis Scott Fitzgerald, Raymond Chandler o John Irving .

Únicamente puedo hablar de dos de sus obras, que son las que me he tenido oportunidad de leer, "Kafka en la orilla" y " Sauce ciego, mujer dormida". Puedo decir que sorprende, que nadie queda indiferente después de leer una obra suya.

La de Kafka en la orilla, la compré por mi pasión por Kafka y los comentarios que había leído sobre "Norwegian Wood" en español "Tokio Blues", la obra que lanzó al estrellato editorial a Murakami. Fue para mí un descubrimiento, una nueva forma de narrar y de mirar. Historias entremezcladas hasta el infinito, plagada de personajes extraños, gatos, seres misteriosos, fantasmas...Crea un pliegue espacio tiempo con una maestría espeluznante.

Animado por las buenas sensaciones que me produjo, esta lectura emprendí la lectura de la recopilación de cuentos "Sauce ciego, mujer dormida" que me pareció extraordinario, especialmente el cuento “La chica del cumpleaños” donde Haruki deja la impronta de su estilo y narra el antes y el después de que una chica pida su deseo cumpleaños. Las circunstancias son casi sobrenaturales, pero el deseo no es revelado en ningún momento. Al final se polemiza con ambigüedad si se ha cumplido o no. El lector puede elucubrar sobre cuál podría ser el deseo, pero el propósito del cuento es otro. La habilidad de Murakami, radica precisamente en haber escrito el cuento usando como base lo que no ha dicho en ningún momento.


Si hubiera podido elegir, habría invertido el orden y hubiera elegido la lectura de este último antes, para adentrarme en el universo de este escritor.
Wikipedia: Murakami







martes, 20 de enero de 2009

Benedetti



En este rincón donde soy más copista, que "escribidor", no podía faltar una de mis referencias poético/musicales, de mi pasado. Es cómo una deuda de lector, que al escribirla, pago y duplico, pues vuelve a ser placentera.





Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia, uruguayo de padres italianos, nació poeta (lo llevaba en el nombre) en Paso de Toros allá por 1920.


Recuerdo el disco de Serrat "El sur también existe" que realizó en estrecha colaboración con el poeta y aquellos poemas que convirtieron en música, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez...
De todo su poemario, escojo estos dos, que en aquella época recitaba de memoria, cuando aún tenía de eso.


Utopía
Sin querer me metí en una utopía
y no pude salir
íbamos hacia el cielo el mar el monte
y no pude salir
creábamos futuro a ras del alma
y no pude salir
la utopía volaba y nadaba y corría
era ella por sí misma un universo
y no pude salir
en medio de la noche la utopía
se alteró / se hizo suerte
convirtió a la memoria
en un pobre arrabal
y no pude salir
cuando al fin / no sé cómo
salí de aquel ensueño
la utopía hechicera ya no estaba
y el mundo me ofrecía
mal humor y abandono.

Yo no te pido
Yo no te pido que me bajes
una estrella azul
sólo te pido que mi espacio
llenes con tu luz.

Yo no te pido que me firmes
diez papeles grises para amar
sólo te pido que tu quieras
las palomas que suelo mirar.

De lo pasado no lo voy a negar
el futuro algún día llegara
y del presente
que le importa a la gente
si es que siempre van a hablar.

Sigue llenando este minuto
de razones para respirar
no me complazcas no te niegues
no hables por hablar.

Yo no te pido que me bajes
una estrella azul
sólo te pido que mi espacio
llenes con tu luz.


Wikipedia: Benedetti

domingo, 18 de enero de 2009

Cyrano de Bergerac

Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac , existió de verdad, aunque su memoria fue sepultada por la obra de Edmond Rostand.
Contemporáneo de Boileau y de Molière, poeta y libre-pensador, firmaba sus escritos con nombres más o menos imaginarios que él hacía suyos. Durante dos años fue militar, y se hizo célebre por su arrojo y sus numerosos duelos. Se retiró en 1641 tras recibir una herida en la garganta durante el sitio de Arras, contra las tropas españolas.
Escribió entre otras "El viaje a la luna" y fue el que acuño el termino "ciudadano del mundo" en una frase escrita en una de sus satíricas cartas :"Un hombre honesto no es ni francés, ni alemán, ni español, es Ciudadano del Mundo, y su patria está en todas partes". ( Un honnête homme n'est ni Français, ni Allemand, ni Espagnol, il est Citoyen du monde, et sa patrie est partout)."

Edmond Rostand, fascinado por este singular hombre, escribe su"Cyrano de Bergerac" , convirtiendo en inmortal al personaje y condenando al olvido a la persona que lo inspiró.
El libro de Rostand, iluminó mi adolescencia y recuerdo que sentía ganas de salir a la calle cubierto por un sombrero tocado de una pluma blanca, que hice mía alguna de sus frases y que mi admiración por su gallardía me hizo comprender la gloria que tienen algunas derrotas silenciosas.
Ayer, por uno de esos misterios que tiene el desorden, apareció un objeto de no hace mucho, que despertó en mí viejas sensaciones y las ganas de hacerle un pequeño homenaje en este rincón de letras.
Fragmentos:
"Mi elegancia va por dentro y no me acicalo como un ganapan cualquiera! Aunque parezca lo contrario, me compongo cuidadosamente, más que por fuera. No saldría a la calle sin haber lavado, por negligencia, una afrenta; sin haber despertado bien la conciencia, o con el honor arrugado y los escrúpulos en duelo. Camino limpio y adornado con mi libertad y mi franqueza. Encorseto, no mi cuerpo, sino mi alma, y en vez de cintas uso hazañas como adorno externo. Retorciendo mi espíritu como si fuese un mostacho, al atravesar los grupos y las plazas hago sonar las verdades como espuelas. "
(...)
"Cyrano.- !Las hojas!
Roxana.- (Levantando a cabeza y mirando hacia los árboles del fondo.) !Qué hermoso su matiz amarillento! !Miradlas!... !Cómo caen!...
Cyrano.- !Qué bien caen! Presienten que a morir van entre el cielo, y a la tierra al saltar desde la rama, con ser breve el tristísimo trayecto, quieren que su descenso o su caída tenga la gracia angelical de un vuelo.
Roxana.- ¿Eres melancólico?
Cyrano.- No... Roxana.- Pues entonces dejemos a las hojas y algo nuevo contadme. ¿Mi gaceta?...
Cyrano.- Ahí va.
Roxana.- Explicaos.
Cyrano.- (Cada vez más pálido, luchando contra el dolor.) Sábado, diecinueve; de un exceso de uvas de Cette, el Rey, con calenturas cayó postrado en su mullido lecho. Por eso su majestad fue condenado su mal a una sangría, y escarnamiento eficaz debió ser, pues desde entonces no sufre alteración el pulso regio. Domingo: en el gran baile de la reina quemáronse, me han dicho, setecientos sesenta y tres hachones. Nuestras tropas con las de Don Juan de Austria combatieron. ¿Qué más?... Fueron ahorcados cuatro brujas, y madama de Athís purgó a su perro.
Roxana.- Señor de Bergerac, ¿queréis callaros?
Cyrano.- Lunes... Nada: cambió de caballero Ligdamira.
Roxana.- ¡Jesús!
Cyrano.- (Cuyo rostro va alterándose más y más.) Martes: la corte hizo un pequeño viaje de recreo. Miércoles: la Montglat dio un no al de Fiesque. Jueves: llega Mancini poco menos que a reina augusta de la noble Francia. El viernes, la Montglat dio un sí completo; y el sábado, por fin... (Cierra los ojos e inclina la cabeza. Pausa.)
Roxana.- (Extrañando que Cyrano no continúe, se vuelve, le mira y se levanta asustada.) ¿Se ha desmayado? ¡Cyrano! ¿Qué tenéis?
Cyrano.- (Abriendo los ojos; con voz vaga.) Nada, un ligero malestar. Roxana.- ¿Estáis malo?
Cyrano.- (Al ver a Roxana inclinada sobre él, asegurase con un movimiento brusco el sombrero en la cabeza y se echa atrás en su sillón.) No; la herida que recibí en Arrás... y que aún siento.
Roxana.- ¡Pobre amigo!
Cyrano.- No es nada, lo repito. Pasará... ¡ya pasó! (Sonríe con esfuerzo.) Roxana.- (En pie, cerca de él.) Todos tenemos nuestra herida; la mia aquí, aun abierta, (Poniéndose una mano en el pecho.) debajo del papel y amarillento, con huellas de su sangre y de su llanto. (Empieza a anochecer.)
Cyrano.- !Su carta! Me ofrecisteis, hace tiempo, dejadmela leer.
Roxana.- Si, cualquier día.
Cyrano.- ¿Queréis hoy?
Roxana.- Si esto os place...
Cyrano.- Lo deseo.
Roxana.- (Dándole el medallón que pendía de su cuello.) Tomad.
Cyrano.- (Tomando la carta.) ¿La puedo abrir?
Roxana.- Si, amigo mío. (Roxana recoge la labor y los enseres.)
Cyrano.- (Leyendo.) "Por tí, mi encanto, rebosa el corazón amor inmenso; y muero, y mis miradas codiciosas, festín supremo de mis ojos ebrios con tu beldad..."
Roxana.- ¡Qué bien leéis!
Cyrano.- (Continuando.) "...ya nunca al vuelo besarán tu menor gesto. Todos hoy los refleja, enardecido, en trance tan cruel, mi pensamiento; y uno entre los demás: el que te es propio al acercar los primorosos dedos a la frente..."
Roxana.- ¡Qué bien leéis! (Va oscureciéndose sensiblemente)
Cyrano.- "Y ansío gritar, y grito: ¡Adiós!..."
Roxana.- ¡Oh! Leéis... Cyrano. "Mi dueño..."... con una voz ...
Cyrano.- "... mi dicha, mi tesoro..."
Roxana.- ... ¡que yo escuché otra vez! (Roxana se le acerca sin que él lo note, se coloca detrás del sillón, se inclina y mira la carta. La oscuridad aumenta.)
Cyrano.- "De mis recuerdos ni un punto se alejó tu bella imagen, porqué soy, y seré después de muerto, quien te ama, quien por ti..."
Roxana.- (Poniéndole una mano en el hombro.) ¿Cómo es posible que a oscuras la leáis? Yo nada veo. (Cyrano se estremece, se vuelve, ve a Roxana, hace un movimiento de espanto, baja la cabeza. Larga pausa. Luego, entre las sombras que ya los envuelve por completo, Roxana, con las manos juntas, dice lentamente, deteniéndose en cada palabra.) Roxana.- ¡Infeliz! ¡Y pasasteis catorce años como amigo viniendo a este convento para mi distracción!...
Cyrano.- ¡Ah! Yo, Roxana...
Roxana.- ¡Quien me amaba erais vos!
Cyrano.- ¡No!
Roxana.- ¡Conocerlo debí cuando mi nombre proferíais!
Cyrano.- ¡No era yo! ¡No era yo!
Roxana.- (Con vehemencia.) ¡Vos! ¡Oh! ¡Comprendo cuán generosa fue vuestra impostura! ¡Las cartas!... ¡Erais vos!
Cyrano.- ¡No!
Roxana.- (Siempre con vehemencia.) Los conceptos apasionados... Cyrano.- ¡No!
Roxana.- La voz que puede aquella noche oir..., ¡vos!, ¡todo vuestro! Cyrano.- ¡Juro que no!
Roxana.- ¡Vibraba allí vuestra alma!
Cyrano.- Yo no os amaba.
Roxana.- ¡Si!
Cyrano.- ¡Tened por cierto que era el otro!
Roxana.- ¡Mentira! ¡Vos, vos erais!
Cyrano.- ¡Ah, no, no!
Roxana.- ¿A qué negarlo, si el acento os vende? ¡Vaciláis!
Cyrano.- (Vencido, con pasión) ¡No, no, amor mío, yo no os amé jamás! Roxana.- ¡Ah! ¡Mis recuerdos!...¡Un mundo hecho pavesas, que renace!... ¿Por qué, por qué ocultasteis tanto tiempo, Cyrano, vuestro amor, si estaba escrito por vos ese billete, si era vuestro ese llanto?...
Cyrano.- (Dándole la carta.) Esa sangre era la suya.