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viernes, 11 de enero de 2013

El cartero y Pablo Neruda- fragmento

"...
—Mario Jiménez, aparte de Odas elementales tengo libros mucho mejores. Es indigno que me sometas a todo tipo de comparaciones y metáforas.
—¿Don Pablo?
—¡Metáforas, hombre!
—¿Qué son esas cosas?
El poeta puso una mano sobre el hombro del muchacho.
—Para aclarártelo más o menos imprecisamente, son modos de decir una cosa comparándola con otra.
—Deme un ejemplo.
Neruda miró su reloj y suspiró.
—Bueno, cuando tú dices que el cielo está llorando. ¿Qué es lo que quieres decir?
—¡Qué fácil! Que está lloviendo, pu'.
—Bueno, eso es una metáfora.
—Y ¿por qué, si es una cosa tan fácil, se llama tan complicado?
—Porque los nombres no tienen nada que ver con la simplicidad o complicidad de las cosas. Según tu teoría, una cosa chica que vuela no debiera tener un nombre tan largo como mariposa. Piensa que elefante tiene la misma cantidad de letras que mariposa y es mucho más grande y no vuela —concluyó Neruda exhausto. Con un resto de ánimo, le indicó a Mario el rumbo hacia la caleta. Pero el cartero tuvo la prestancia de decir:
—¡Putas que me gustaría ser poeta!
—¡Hombre! En Chile todos son poetas. Es más original que sigas siendo cartero. Por lo menos caminas mucho y no engordas. En Chile todos los poetas somos guatones.
Neruda retomó la manilla de la puerta, y se disponía a entrar, cuando Mario mirando el vuelo de un pájaro invisible, dijo:
—Es que si fuera poeta podría decir lo que quiero.
—¿Y qué es lo que quieres decir?
—Bueno, ése es justamente el problema. Que como no soy poeta, no puedo decirlo.
El vate se apretó las cejas sobre el tabique de la nariz.
—¿Mario?
—¿Don Pablo?
—Voy a despedirme y a cerrar la puerta.
—Sí, don Pablo.
—Hasta mañana.
—Hasta mañana.
Neruda detuvo la mirada sobre el resto de las cartas, y luego entreabrió el portón. El cartero estudiaba las nubes con los brazos cruzados sobre el pecho. Vino hasta su lado y le picoteó el hombro con un dedo. Sin deshacer su postura, el muchacho se lo quedó mirando.
Volví a abrir, porque sospechaba que seguías aquí.
—Es que me quedé pensando.
Neruda apretó los dedos en el codo del cartero, y lo fue conduciendo con firmeza hacia el farol donde había estacionado la bicicleta.
—¿Y para pensar te quedas sentado? Si quieres ser poeta, comienza por pensar caminando. ¿O eres como John Wayne, que no podía caminar y mascar chiclets al mismo tiempo? Ahora te vas a la caleta por la playa y, mientras observas el movimiento del mar, puedes ir inventando metáforas.
—¡Deme un ejemplo!
—Mira este poema: «Aquí en la Isla, el mar, y cuánto mar. Se sale de sí mismo a cada rato. Dice que sí, que no, que no. Dice que sí, en azul, en espuma, en galope. Dice que no, que no. No puede estarse quieto. Me llamo mar, repite pegando en una piedra sin lograr convencerla. Entonces con siete lenguas verdes, de siete tigres verdes, de siete perros verdes, de siete mares verdes, la recorre, la besa, la humedece, y se golpea el pecho repitiendo su nombre». —Hizo una pausa satisfecho—. ¿Qué te parece?
—Raro.
—«Raro». ¡Qué crítico más severo que eres!
—No, don Pablo. Raro no lo es el poema. Raro es como yo me sentía cuando usted recitaba el poema.
—Querido Mario, a ver si te desenredas un poco, porque no puedo pasar toda la mañana disfrutando de tu charla.
—¿Cómo se lo explicara? Cuando usted decía el poema, las palabras iban de acá pa'llá.
—¡Como el mar, pues!
—Sí, pues, se movían igual que el mar.
—Eso es el ritmo.
—Y me sentí raro, porque con tanto movimiento me marié.
—Te mareaste.
—¡Claro! Yo iba como un barco temblando en sus palabras.
Los párpados del poeta se despegaron lentamente.
—«Como un barco temblando en mis palabras».
—¡Claro!
—¿Sabes lo que has hecho, Mario?
—¿Qué?
—Una metáfora."





El cartero y Pablo Neruda - Antonio Skarmeta

Este verano me lo llevé en la maleta para releer. Un libro excepcional que por una vez fue magníficamente versionado en su película correspondiente, con una magistral interpretación de Máximo Troisi y quizá la mejor de Maria Grazia Cucinotta.

Resumen:
Un joven adolescente reniega del oficio de su padre(pescador) y consigue un empleo mal pagado de cartero. Su única misión es llevar el correo de la Caleta a isla Negra a un único cliente: Pablo Neruda. La acción transcurre desde junio de 1969, hasta la muerte de Pablo Neruda, en septiembre de 1973.
Mario Jiménez,(así se llama el joven) se enamora de una muchacha que trabaja en una hostería con su madre Doña Rosa viuda de González.
Mario pasaba cada día por la oficina de correos, donde D. Cosme le entregaba la correspondencia de Neruda.
Mario se enamora locamente de Beatriz, y la corteja a base metáforas. Beatriz también siente lo mismo por él, pero Doña Rosa, no quiere que Mario vaya más por la hostería, y decide escribirle una carta a Pablo para decirle que un tal Mario Jiménez, es un seductor de menores.
Pablo recibe una carta para que se presente como candidato a la Presidencia de la República y poco convencido sintiéndose hoja de un árbol gigante que era el pueblo chileno acepta presentarse, el 4 de Septiembre llegó la noticia que Salvador Allende había ganado las elecciones en Chile.
Pablo ayuda a Mario y consigue convencer a la madre de Beatriz para que éstos puedan llegar a ser novios. Al final la madre cede y se casan.
Allende nombra a Neruda embajador de París y Mario se queda sin trabajo, pero el gobierno de la Unidad Popular, hizo sentir su presencia en la caleta, cuando la dirección de Turismo elaboró un plan de vacaciones para los trabajadores de una fábrica téxtil en Santiago.
Neruda le envía una grabadora Sony, con micrófono incorporado a Mario para que le grabe todos los sonidos de la isla Negra.
Mario y Beatriz, un tiempo después, tienen un hijo que se llamaría Pablo Neftalí Jiménez González.
Neruda, gana el Premio Nobel de Literatura, y Mario y su familia lo ven en la caleta desde un televisor que les habían puesto en la hosteria.
A partir de ahí, Neruda se pone enfermo y muere el 23 de septiembre de 1973. Mario, Rosa Beatriz y hasta el mismo Pablo Neftalí se enteran en el televisor de la hostería. Aquella misma noche, unos hombres le hicieron unas preguntas. El coche del diputado Labbé marchó y otro hombre le hizo subir en un coche, donde al entrar escuchó por la radio que las tropas habían ocupado la editorial Quimantú, y habían procedido a secuestrar la edición de varias revistas subversivas, tales como “Nosotros los hilenos”, “La Paloma” y “La Quinta Rueda”.
Años después se enteró que la Quinta Rueda la escribió un poeta llamado Jorge Teillier y que no recordaban un texto llamado: Retrato a lápiz de Pablo Neftalí Jiménez González.

Agosto 2012 (3ªlectura)