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sábado, 3 de mayo de 2014

Literatura juvenil ESO


Debo estar haciéndome viejo, lo cual me asusta mucho, ya que siempre pensé que cuando llegara ese momento sería sabio y estoy muy lejos de la sabiduría. Digo esto por que me quedo estupefacto con los libros obligatorios que le han seleccionado a mi hija en el Instituto. Comprendo que en los tiempos que corren, no les aficionará a la lectura abrir las páginas de 20.000 leguas de viaje submarino. Comprendo que el Sandokán de Salgari puede tener artrosis y comprendo también que quizá la Ilíada sea excesiva a esas edades, donde los únicos mitos que conocen son los One Direction.
Lo que no puedo comprender, con todo mi respeto hacia estos nuevos autores de literatura juvenil, es que traten a los futuros bachilleres como concursantes de Gran Hermano.
Con 14 años leí "Las ratas" de Miguel Delibes y he de decir que está a años luz del apestoso y pueril texto que le han recetado a mi hija. Bien es cierto que tuve un profesor que me descubrió la magia de las palabras.
No daré el nombre del autor, ni del libro por educación y porque en cada Instituto escogen libros diferentes.
Dejo unas recetitas de lectura para jóvenes y los que no lo son tanto que a mi modesto entender tienen más posibilidades de incentivar el amor por la lectura que los ya comentados del plan de estudios de la ESO.(Pinchando el enlace os lleva a la librería y a su versión en tapa blanda)


Las ratas (Miguel Delibes)

El sueño eterno (Raymon Chandler) 

El Hobbit (J.R.R. Talkien)  Mejor que la película. 

Estudio en escarlata (Sir Arthur Conan Doyle)

La Ilíada (Homero)

domingo, 9 de marzo de 2014

El orden alfabético - Juan José Millás


Fiel a sí mismo, Millás explora los difusos límites de la realidad y crea un texto casi metafísico que parte de lo extraño (una vez más) para viajar por esas fronteras reales e imaginarias.

En esta ocasión el que camina por esos límites es Julio, que tiene la capacidad de trasladarse a una realidad alternativa  donde todo es más brillante.  A ese lado del espejo está salvo de los problemas que le plantea la vida, hasta que llega el caos cuando todos los  libros salen volando, los cuadernos, las revistas, los periódicos y se llevan las palabras. Poco a poco se van borrando las definiciones de la mente de la humanidad y lo que comienza siendo divertido para los colegiales, se convierte en un gran problema.

La mágica y singular desaparición de las palabras, la soledad, el sueño, la fiebre y los traumas infantiles son algunos de los mimbres que usa Millás para tejer este interesante cesto que sin duda recomiendo.
Nota al margen:
En cierto sentido Millás es el Murakami español o quizá sería más propio decir que Murakami es el Millás japonés.

ENLACES:

  EN TAPA BLANDA 7,55 €

VERSIÓN KINDLE 5,69

lunes, 28 de enero de 2013

La marca del meridiano - Lorenzo Silva

Hace ya mucho tiempo que el premio planeta perdió la brújula de la buena literatura. Recuerdo el año que ganó Cela, (creo que fué en el 94) y en esa edición retiraron sus obras Miguel Delibes y García Márquez por que les habían ofrecido el premio.
Que Lorenzo Silva mandara su obra bajo el pseudónimo de Bernie Halls, no engaña a nadie ya que en cuanto aparecen el brigada Bevilacqua y la sargento Chamorro, todo el jurado debía saber quién era el autor, por razones obvias.
Dejando a parte las tripas del premio, la novela está escrita con oficio y tiene algunos momentos en que la trama está bien cosida, pero son más numerosos los borrones y las prisas por resolver a zarpazos el nudo de la obra. Hay personajes secundarios que podrían haber dado un juego excelente y que abandona con un par de pinceladas y otros a los que dedica más tiempo y quedan deslabazados.
Continúa Lorenzo Silva cargando a su filón de oro Bevilacqua de tintes machistas a lo largo de todo el texto, cuando sería mucho más rico el personaje si tomara distancia de ese cliché cuartelario.
Que lejos del "Alquimista impaciente" y "La flaqueza del bolchevique". En definitiva un producto del marketing de planeta que les llenará los bolsillos y que se hundirá con el paso del tiempo en los estantes más olvidados de la biblioteca.

Enero 2013 (ebook)

domingo, 27 de enero de 2013

El tiempo entre costuras - María Dueñas

El tiempo entre costuras escrita por María Dueñas narra la azarosa vida de Sira Quiroga, una joven modista que abandona Madrid antes del comienzo de la guerra civil abandonando a su novio de toda la vida,  enamorada de un vividor con alma de chulo. Juntos se instalan en Tánger, un crisol exótico y cosmopolita lleno de oportunidades e intensa vida social.
Abandonada por Ramiro, sola y desorientada, el destino y la necesidad de subsistir la arrastra a aceptar la ayuda de nuevas amistades de reputación un más que dudosa. Se creará una nueva identidad y logrará poner en marcha un exclusivo taller de costura em Tetuán, en el que atenderá a clientas de orígenes variopintos.  Al terminar la Guerra Civil y  con los ecos de la guerra europea resonando en la distancia, el destino de Sira queda ligado al de un puñado de carismáticos personajes --Rosalinda Fox, Juan Luis Beigbeder, Alan Hillgarth-- que la empujarán hacia un inesperado compromiso convirtiéndose en espia.
 

He léido algún comentario  quizá poco afortunado de sus semejanzas con Casablanca (una de mis películas de referencia),y he de decir al respecto, en mi humilde opinión de esta novela, es más un canto a la superación personal que una oda al amor.  En su favor destacar el ritmo imparable y adictivo que tiene. En el plato de las contras señalar que en ocasiones se pierde en descripciones un tanto farragosas. En definitiva un bestseller con mimbres de bestseller.

Agosto 2012

Riña de gatos -Eduardo Mendoza



 Sin ser una novela histórica, ni mucho menos,  tengo que decir que el entorno en el que se desarrolla está descrito de forma muy trabajada y muy documentado. Mendoza con su maestría nos traslada al Madrid de la preguerra y nos mete entre las bambalinas de la gestacióm de  la Guerra Civil.
Bajo la neutral e inglesa mirada de un experto en la pintura de Velázquez (Whitelands ),que viaja a Madrid para realizar un peritaje, la trama nos conduce  desde los mitines propagandísticos del Marqués de Estella (Jose Antonio) a las asambleas clandestinas de los comunistas, desde las tripas de la Falange  y los camisas viejas (Sánchez Mazas, Fernández Cuesta)  a las secretas reuniones de los todavía indecisos golpistas (Franco, Mola y Queipo de Llano). 
De la mano del narrador omniscente, nos adentramos en el despacho de Manuel Azaña, y somos zarandeados por los manejos del espionaje inglés, los servicios secretos soviéticos y la policía española. 
Mendoza cose con un hilo excepcional, todos y cada uno de los escenarios, aparentemente antagónicos, como la prostitución por supervivencia y las conspiraciones aristocráticas y en medio de todo una trama de amores y un Velázquez desaparecido en el tiempo que se intenta vender para sufragar el levantamiento.
Valga como muestra la extraordinaria descripción que hace de Franco:

“Es el más joven de todos y el menos marcial. Bajo, tripudo, con una calvicie incipiente, tiene la cara flácida y la voz atiplada. No fuma, no bebe, no juega y no es mujeriego. El que, pese a todo, goce de un enorme prestigio en el Ejército y fuera de él dice mucho de sus cualidades profesionales. Azaña siempre contó con él por su extraordinaria capacidad de organización y por considerar que, no obstante su profundo conservadurismo, un puntilloso sentido del deber le impedirá actuar contra la República. Y así ha sido hasta el día de hoy: varias veces le ha propuesto sumarse a proyectos golpistas y otras tantas se ha negado o, por lo menos, no ha dado su conformidad de un modo explícito"


A título personal, diré que esta obra entra por derecho propio entre mis candidatas a una relectura reposada. El estilo de Mendoza, sencillo y salpicado de cultismos está preñado de ironía y escepticismo y hace que sea una delicia leer esta novela.
Octubre-2012

domingo, 20 de enero de 2013

Escupiré sobre vuestra tumba

Tras el inmerecido éxito de las 50 sombras de Grey, que está causando furor por su contenido altamente erótico, he recordado  Escupiré sobre vuestra tumba de Boris Vian que leí hace ya mucho tiempo. La publicó bajo el heterónimo de "Vernon Sullivan" en 1946. Recuerdo que la leí sentado al sol, apoyado sobre la pared del cuartel de Cartagena cuando hacía la mili. Su realismo descarnardo me impresionó. El libro (que no se corresponde con la edición de la carátula adjunta, estaba ilustrado por Jean Boullet.
Ahora en el Ebook y sin ilustraciones su lectura me ha seguido impresionando. Dudo mucho que el bestseller de las 50 sombras llegue a ser ni siquiera (valga el juego de palabras) una sombra de esta J'irai cracher sur vos tombes.
Bien es cierto que la temática es diferente y que el único nexo es el tratamiento explícito del sexo entre sus líneas.

ARGUMENTO
Lee Anderson es un afroamericano de piel casi blanca, que aterriza en un pueblo sureño de la América profunda para hacerse cargo de una librería. En el bar de enfrente se reúnen  los jóvenes del pueblo que están sedientos de alcohol y sexo.

Narrado en primera persona el propio Lee nos va desvelando su plan secreto, que no es otro que  vengar la muerte de su hermano, que murió linchado y colgado por haberse enamorado de una mujer blanca.

CRÍTICA Y RECOMENDACIÓN

Es una obra violenta, cruda y descarnada que de una manera extraña, hace que surja cierta empatía con el protagonista, que al fin y al cabo no deja de ser un asesino. De lectura fácil y rápida, creo que es una obra muy recomendable.

Enero 2013 (segunda lectura)

viernes, 11 de enero de 2013

El cartero y Pablo Neruda - Antonio Skarmeta

Este verano me lo llevé en la maleta para releer. Un libro excepcional que por una vez fue magníficamente versionado en su película correspondiente, con una magistral interpretación de Máximo Troisi y quizá la mejor de Maria Grazia Cucinotta.

Resumen:
Un joven adolescente reniega del oficio de su padre(pescador) y consigue un empleo mal pagado de cartero. Su única misión es llevar el correo de la Caleta a isla Negra a un único cliente: Pablo Neruda. La acción transcurre desde junio de 1969, hasta la muerte de Pablo Neruda, en septiembre de 1973.
Mario Jiménez,(así se llama el joven) se enamora de una muchacha que trabaja en una hostería con su madre Doña Rosa viuda de González.
Mario pasaba cada día por la oficina de correos, donde D. Cosme le entregaba la correspondencia de Neruda.
Mario se enamora locamente de Beatriz, y la corteja a base metáforas. Beatriz también siente lo mismo por él, pero Doña Rosa, no quiere que Mario vaya más por la hostería, y decide escribirle una carta a Pablo para decirle que un tal Mario Jiménez, es un seductor de menores.
Pablo recibe una carta para que se presente como candidato a la Presidencia de la República y poco convencido sintiéndose hoja de un árbol gigante que era el pueblo chileno acepta presentarse, el 4 de Septiembre llegó la noticia que Salvador Allende había ganado las elecciones en Chile.
Pablo ayuda a Mario y consigue convencer a la madre de Beatriz para que éstos puedan llegar a ser novios. Al final la madre cede y se casan.
Allende nombra a Neruda embajador de París y Mario se queda sin trabajo, pero el gobierno de la Unidad Popular, hizo sentir su presencia en la caleta, cuando la dirección de Turismo elaboró un plan de vacaciones para los trabajadores de una fábrica téxtil en Santiago.
Neruda le envía una grabadora Sony, con micrófono incorporado a Mario para que le grabe todos los sonidos de la isla Negra.
Mario y Beatriz, un tiempo después, tienen un hijo que se llamaría Pablo Neftalí Jiménez González.
Neruda, gana el Premio Nobel de Literatura, y Mario y su familia lo ven en la caleta desde un televisor que les habían puesto en la hosteria.
A partir de ahí, Neruda se pone enfermo y muere el 23 de septiembre de 1973. Mario, Rosa Beatriz y hasta el mismo Pablo Neftalí se enteran en el televisor de la hostería. Aquella misma noche, unos hombres le hicieron unas preguntas. El coche del diputado Labbé marchó y otro hombre le hizo subir en un coche, donde al entrar escuchó por la radio que las tropas habían ocupado la editorial Quimantú, y habían procedido a secuestrar la edición de varias revistas subversivas, tales como “Nosotros los hilenos”, “La Paloma” y “La Quinta Rueda”.
Años después se enteró que la Quinta Rueda la escribió un poeta llamado Jorge Teillier y que no recordaban un texto llamado: Retrato a lápiz de Pablo Neftalí Jiménez González.

Agosto 2012 (3ªlectura)

domingo, 14 de marzo de 2010

Señora de Rojo sobre fondo gris




Estaba en la oficina, el viernes, cuando me enteré que Miguel Delibes había muerto, y aunque su muerte no me resultaba inesperada, no por ello dejó de entistecerme. Al conocer la noticia automáticamente me acordé de esta novela. Recuerdo que leerla me ayudó a comprender el dolor (propio y ajeno) y que me emocionó la segunda vez que lo leí, tanto o más que la primera.




Señora de rojo sobre fondo gris es el monólogo de un afamado pintor (Nicolás) sumido en una crisis creativa, que va contando a una de sus hijas, encarcelada por motivos políticos, cómo ha vivido la enfermedad y muerte de su mujer (Ana). Una novela agridulce sobre el Amor, la muerte y la felicidad que vivimos a veces sin enterarnos.



Al llegar a casa busqué el libro y vi un montón de párrafos subrayados de los cuales he entresacado los siguientes:


"No ignoro que el recurso de beber es un viejo truco pero ¿conoces tú alguno más eficaz para escapar de ti mismo?"



"Nos bastaba mirarnos y sabernos. Nada importaba los silencios, el tedio de las primeras horas de la tarde. Estábamos juntos y era suficiente. Cuando ella se fue, todavía lo vi más claro: aquellas sobremesas sin palabra, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida, eran sencillamente la felicidad."



"Lo nuestro fue una especie de convenio tácito, con ciertas vacilaciones al principio, pero definitivamente implantado tras la medalla del Salón de Otoño. Ese premio nos cambió la vida. Trajo consigo un despegue y una ampliación de horizontes, que nos indujo a preocuparnos más de mi trabajo, nuestros hijos y nuestro dinero. Ella asumió esta tarea espontáneamente, sin imposición de nadie. Y si yo no le pedí la gestión de nuestras cosas, tampoco consideré machista avenirme a que lo hiciera. La nuestra era una empresa de dos, uno producía y el otro administraba. Normal, ¿no? Ella nunca se sintió postergada por eso. Al contrario, le sobró habilidad para erigirse en cabeza sin derrocamiento previo. Declinaba la apariencia de autoridad, pero sabía ejercerla"


"Si la muerte es inevitable, ¿no habrá sido preferible así?"






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lunes, 3 de agosto de 2009

La catedral del mar de Ildefonso Falcones



Hace algún tiempo, una entrañable, amiga me remitió por correo este libro a modo de regalo. Quise dedicarle una lectura reposada y tranquila y he aprovechado estas vacaciones para meterlo en la maleta.
Confieso que me ha parecido entretenido, y que mi gusto por la novela histórica, me llevó a terminarlo en los dos primeros días de vacaciones.
El comienzo es fulgurante y bastante crudo, luego decae para volver a levantar el vuelo, en el tramo final.
A mi modesto entender, no dibuja los personajes con la suficiente técnica y da más prioridad a los acontecimientos y pinceladas sociales que a la visión interna de los protagonistas.
Quizá me creé, demasiadas espectativas y por eso las peripecias de Arnau que desde simple siervo, llega a Cónsul del Mar, me hayan dejado un poco frío.
Esto no quita, que agradezca a mi amiga el regalo, y que comprenda, las razones que sin duda hicieron que ella lo disfrutara con más intensidad.

sábado, 24 de enero de 2009

Haruki Murakami

Murakami, se considera discípulo de los autores que ha traducido al japonés como Raymond Carver, Francis Scott Fitzgerald, Raymond Chandler o John Irving .

Únicamente puedo hablar de dos de sus obras, que son las que me he tenido oportunidad de leer, "Kafka en la orilla" y " Sauce ciego, mujer dormida". Puedo decir que sorprende, que nadie queda indiferente después de leer una obra suya.

La de Kafka en la orilla, la compré por mi pasión por Kafka y los comentarios que había leído sobre "Norwegian Wood" en español "Tokio Blues", la obra que lanzó al estrellato editorial a Murakami. Fue para mí un descubrimiento, una nueva forma de narrar y de mirar. Historias entremezcladas hasta el infinito, plagada de personajes extraños, gatos, seres misteriosos, fantasmas...Crea un pliegue espacio tiempo con una maestría espeluznante.

Animado por las buenas sensaciones que me produjo, esta lectura emprendí la lectura de la recopilación de cuentos "Sauce ciego, mujer dormida" que me pareció extraordinario, especialmente el cuento “La chica del cumpleaños” donde Haruki deja la impronta de su estilo y narra el antes y el después de que una chica pida su deseo cumpleaños. Las circunstancias son casi sobrenaturales, pero el deseo no es revelado en ningún momento. Al final se polemiza con ambigüedad si se ha cumplido o no. El lector puede elucubrar sobre cuál podría ser el deseo, pero el propósito del cuento es otro. La habilidad de Murakami, radica precisamente en haber escrito el cuento usando como base lo que no ha dicho en ningún momento.


Si hubiera podido elegir, habría invertido el orden y hubiera elegido la lectura de este último antes, para adentrarme en el universo de este escritor.
Wikipedia: Murakami







domingo, 18 de enero de 2009

Cyrano de Bergerac

Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac , existió de verdad, aunque su memoria fue sepultada por la obra de Edmond Rostand.
Contemporáneo de Boileau y de Molière, poeta y libre-pensador, firmaba sus escritos con nombres más o menos imaginarios que él hacía suyos. Durante dos años fue militar, y se hizo célebre por su arrojo y sus numerosos duelos. Se retiró en 1641 tras recibir una herida en la garganta durante el sitio de Arras, contra las tropas españolas.
Escribió entre otras "El viaje a la luna" y fue el que acuño el termino "ciudadano del mundo" en una frase escrita en una de sus satíricas cartas :"Un hombre honesto no es ni francés, ni alemán, ni español, es Ciudadano del Mundo, y su patria está en todas partes". ( Un honnête homme n'est ni Français, ni Allemand, ni Espagnol, il est Citoyen du monde, et sa patrie est partout)."

Edmond Rostand, fascinado por este singular hombre, escribe su"Cyrano de Bergerac" , convirtiendo en inmortal al personaje y condenando al olvido a la persona que lo inspiró.
El libro de Rostand, iluminó mi adolescencia y recuerdo que sentía ganas de salir a la calle cubierto por un sombrero tocado de una pluma blanca, que hice mía alguna de sus frases y que mi admiración por su gallardía me hizo comprender la gloria que tienen algunas derrotas silenciosas.
Ayer, por uno de esos misterios que tiene el desorden, apareció un objeto de no hace mucho, que despertó en mí viejas sensaciones y las ganas de hacerle un pequeño homenaje en este rincón de letras.
Fragmentos:
"Mi elegancia va por dentro y no me acicalo como un ganapan cualquiera! Aunque parezca lo contrario, me compongo cuidadosamente, más que por fuera. No saldría a la calle sin haber lavado, por negligencia, una afrenta; sin haber despertado bien la conciencia, o con el honor arrugado y los escrúpulos en duelo. Camino limpio y adornado con mi libertad y mi franqueza. Encorseto, no mi cuerpo, sino mi alma, y en vez de cintas uso hazañas como adorno externo. Retorciendo mi espíritu como si fuese un mostacho, al atravesar los grupos y las plazas hago sonar las verdades como espuelas. "
(...)
"Cyrano.- !Las hojas!
Roxana.- (Levantando a cabeza y mirando hacia los árboles del fondo.) !Qué hermoso su matiz amarillento! !Miradlas!... !Cómo caen!...
Cyrano.- !Qué bien caen! Presienten que a morir van entre el cielo, y a la tierra al saltar desde la rama, con ser breve el tristísimo trayecto, quieren que su descenso o su caída tenga la gracia angelical de un vuelo.
Roxana.- ¿Eres melancólico?
Cyrano.- No... Roxana.- Pues entonces dejemos a las hojas y algo nuevo contadme. ¿Mi gaceta?...
Cyrano.- Ahí va.
Roxana.- Explicaos.
Cyrano.- (Cada vez más pálido, luchando contra el dolor.) Sábado, diecinueve; de un exceso de uvas de Cette, el Rey, con calenturas cayó postrado en su mullido lecho. Por eso su majestad fue condenado su mal a una sangría, y escarnamiento eficaz debió ser, pues desde entonces no sufre alteración el pulso regio. Domingo: en el gran baile de la reina quemáronse, me han dicho, setecientos sesenta y tres hachones. Nuestras tropas con las de Don Juan de Austria combatieron. ¿Qué más?... Fueron ahorcados cuatro brujas, y madama de Athís purgó a su perro.
Roxana.- Señor de Bergerac, ¿queréis callaros?
Cyrano.- Lunes... Nada: cambió de caballero Ligdamira.
Roxana.- ¡Jesús!
Cyrano.- (Cuyo rostro va alterándose más y más.) Martes: la corte hizo un pequeño viaje de recreo. Miércoles: la Montglat dio un no al de Fiesque. Jueves: llega Mancini poco menos que a reina augusta de la noble Francia. El viernes, la Montglat dio un sí completo; y el sábado, por fin... (Cierra los ojos e inclina la cabeza. Pausa.)
Roxana.- (Extrañando que Cyrano no continúe, se vuelve, le mira y se levanta asustada.) ¿Se ha desmayado? ¡Cyrano! ¿Qué tenéis?
Cyrano.- (Abriendo los ojos; con voz vaga.) Nada, un ligero malestar. Roxana.- ¿Estáis malo?
Cyrano.- (Al ver a Roxana inclinada sobre él, asegurase con un movimiento brusco el sombrero en la cabeza y se echa atrás en su sillón.) No; la herida que recibí en Arrás... y que aún siento.
Roxana.- ¡Pobre amigo!
Cyrano.- No es nada, lo repito. Pasará... ¡ya pasó! (Sonríe con esfuerzo.) Roxana.- (En pie, cerca de él.) Todos tenemos nuestra herida; la mia aquí, aun abierta, (Poniéndose una mano en el pecho.) debajo del papel y amarillento, con huellas de su sangre y de su llanto. (Empieza a anochecer.)
Cyrano.- !Su carta! Me ofrecisteis, hace tiempo, dejadmela leer.
Roxana.- Si, cualquier día.
Cyrano.- ¿Queréis hoy?
Roxana.- Si esto os place...
Cyrano.- Lo deseo.
Roxana.- (Dándole el medallón que pendía de su cuello.) Tomad.
Cyrano.- (Tomando la carta.) ¿La puedo abrir?
Roxana.- Si, amigo mío. (Roxana recoge la labor y los enseres.)
Cyrano.- (Leyendo.) "Por tí, mi encanto, rebosa el corazón amor inmenso; y muero, y mis miradas codiciosas, festín supremo de mis ojos ebrios con tu beldad..."
Roxana.- ¡Qué bien leéis!
Cyrano.- (Continuando.) "...ya nunca al vuelo besarán tu menor gesto. Todos hoy los refleja, enardecido, en trance tan cruel, mi pensamiento; y uno entre los demás: el que te es propio al acercar los primorosos dedos a la frente..."
Roxana.- ¡Qué bien leéis! (Va oscureciéndose sensiblemente)
Cyrano.- "Y ansío gritar, y grito: ¡Adiós!..."
Roxana.- ¡Oh! Leéis... Cyrano. "Mi dueño..."... con una voz ...
Cyrano.- "... mi dicha, mi tesoro..."
Roxana.- ... ¡que yo escuché otra vez! (Roxana se le acerca sin que él lo note, se coloca detrás del sillón, se inclina y mira la carta. La oscuridad aumenta.)
Cyrano.- "De mis recuerdos ni un punto se alejó tu bella imagen, porqué soy, y seré después de muerto, quien te ama, quien por ti..."
Roxana.- (Poniéndole una mano en el hombro.) ¿Cómo es posible que a oscuras la leáis? Yo nada veo. (Cyrano se estremece, se vuelve, ve a Roxana, hace un movimiento de espanto, baja la cabeza. Larga pausa. Luego, entre las sombras que ya los envuelve por completo, Roxana, con las manos juntas, dice lentamente, deteniéndose en cada palabra.) Roxana.- ¡Infeliz! ¡Y pasasteis catorce años como amigo viniendo a este convento para mi distracción!...
Cyrano.- ¡Ah! Yo, Roxana...
Roxana.- ¡Quien me amaba erais vos!
Cyrano.- ¡No!
Roxana.- ¡Conocerlo debí cuando mi nombre proferíais!
Cyrano.- ¡No era yo! ¡No era yo!
Roxana.- (Con vehemencia.) ¡Vos! ¡Oh! ¡Comprendo cuán generosa fue vuestra impostura! ¡Las cartas!... ¡Erais vos!
Cyrano.- ¡No!
Roxana.- (Siempre con vehemencia.) Los conceptos apasionados... Cyrano.- ¡No!
Roxana.- La voz que puede aquella noche oir..., ¡vos!, ¡todo vuestro! Cyrano.- ¡Juro que no!
Roxana.- ¡Vibraba allí vuestra alma!
Cyrano.- Yo no os amaba.
Roxana.- ¡Si!
Cyrano.- ¡Tened por cierto que era el otro!
Roxana.- ¡Mentira! ¡Vos, vos erais!
Cyrano.- ¡Ah, no, no!
Roxana.- ¿A qué negarlo, si el acento os vende? ¡Vaciláis!
Cyrano.- (Vencido, con pasión) ¡No, no, amor mío, yo no os amé jamás! Roxana.- ¡Ah! ¡Mis recuerdos!...¡Un mundo hecho pavesas, que renace!... ¿Por qué, por qué ocultasteis tanto tiempo, Cyrano, vuestro amor, si estaba escrito por vos ese billete, si era vuestro ese llanto?...
Cyrano.- (Dándole la carta.) Esa sangre era la suya.

viernes, 3 de octubre de 2008

José Saramago

José Saramago nació en Azinhaga (Portugal) en 1922. Antes de responder a la llamada de la literatura trabajó en diversos oficios, desde cerrajero o mecánico, hasta editor. En 1947 publicó su primera novela, "Tierra de pecado".
Periodista y miembro del Partido Comunista Portugués sufrió censura y persecución durante los años de la dictadura de Salazar. A finales de los sesenta Saramago se presentó con dos libros de poemas: " Os poemas possiveis " y " Provavelmente alegría ". Se le considera un «autor tardío», por la demora en su publicación.
Se sumó a la llamada "Revolución de los Claveles" que llevó la democracia a Portugal, en el año 1974. Sus primeras publicaciones en prosa " Manual de pintura y caligrafía " (1977) y "Alzado del suelo " (1980), esta última le reveló como el gran novelista maduro y renovador portugués. Es una novela histórica, situada en el Alentejo entre 1910 y 1979, con un lenguaje campesino, una estructura sólida y documentada, un estilo humorístico y sarcástico que llamó enormemente la atención en su momento. En 1982 ve la luz su novela " Memorial del convento ", a la que siguió: El año de la muerte de " Ricardo Reis ". A esta le sigue posteriormente " La balsa de piedra " (1986), " Historia del cerco de Lisboa " (1989), " El evangelio según Jesucristo " (1991), " Casi un objeto " (1994), " Viaje a Portugal " (1995) y " Ensayo sobre la ceguera " (1996). "Cuadernos de Lanzarote " (1997).
Ha mantenido siempre una postura ética y estética por encima de partidismos políticos. Comprometido con el género humano, de forma general en sus obras hay una gran originalidad dada fundamentalmente por su controvertida visión de la historia y de la cultura.
Par mi el ensayo sobre la ceguera es una obra maestra y uno de los mejores libros que he leído, sin lugar a dudas.

Fragmento de Ensayo sobre la ceguera tomado de Escribirte:
"Se iluminó el disco amarillo. De los coches que se acercaban, dos aceleraron antes de que se encendiera la señal roja. En el indicador del paso de peatones apareció la silueta del hombre verde. La gente empezó a cruzar la calle pisando las franjas blancas pintadas en la capa negra de asfalto, nada hay que se parezca menos a la cebra, pero así llaman a este paso. Los conductores, impacientes, con el pie en el pedal del embrague, mantenían los coches en tensión, avanzando, retrocediendo, como caballos nerviosos que vieran la fusta alzada en el aire. Habían terminado ya de pasar los peatones, pero la luz verde que daba paso libre a los automóviles tardó aún unos segundos en alumbrarse. Hay quien sostiene que esta tardanza, aparentemente insignificante, multiplicada por los miles de semáforos existentes en la ciudad y por los cambios sucesivos de los tres colores de cada uno, es una de las causas de los atascos de circulación o embotellamientos, si queremos utilizar la expresión común.Al fin se encendió la señal verde y los coches arrancaron bruscamente, pero enseguida se advirtió que no todos habían arrancado. El primero de la fila en medio está parado, tendrá un problema mecánico, se le habrá soltado el cable del acelerador, o se le agarrotó la palanca de la caja de velocidades, o una avería en el sistema hidráulico, un bloque de frenos, un fallo en el circuito eléctrico, a no ser que, simplemente se haya quedado sin gasolina, no sería la primera vez que esto ocurre. El nuevo grupo de peatones que se está formando en las aceras ve al conductor inmovilizado braceando tras el parabrisas mientras los de los coches de atrás tocan frenéticos el claxon. Algunos conductores han saltado ya a la calzada, dispuestos a empujar el automóvil averiado hacia donde no moleste. Golpean impacientemente los cristales cerrados. El hombre que está dentro vuelve hacia ellos la cabeza, hacia un lado, hacia el otro, se ve que grita algo, por los movimientos de la boca se nota que repite una palabra, una no, dos, así es realmente, como sabemos cuando alguien, al fin, logre abrir una puerta. Estoy ciego.Nadie lo diría. A primera vista, los ojos del hombre parecen sanos, el iris se presenta nítido, luminoso, la esclerótica blanca, compacta como porcelana. Los párpados muy abiertos, la piel de la cara crispada, las cejas repentinamente revueltas, todo eso que cualquiera puede comprobar, son trastornos de la angustia. En un movimiento rápido, lo que estaba a la vista desapareció tras los puños cerrados del hombre, como si aún quisiera retener en el interior del cerebro la última imagen recogida, una luz roja, redonda, en un semáforo. Estoy ciego, estoy ciego, repetía con desesperación mientras le ayudaban a salir del coche, y las lágrimas, al brotar, tornaron más brillantes los ojos que él decía que estaban muertos. Eso se pasa, ya verá, eso se pasa enseguida, a veces son nervios, dijo una mujer."
Enlace Wikipedia: José Saramago

domingo, 21 de septiembre de 2008

100 años de soledad


¿Quién no ha disfrutado de esta obra maestra?
El realismo mágico, (que paradoja tan extraordinaria) prácticamente nace en Macondo de la estirpe de los Buendía, aunque también Pedro Páramo de Juan Rulfo comparta paternidad.
La soledad como un maldición hereditaria atraviesa todas sus páginas, empezando por el coronel Aureliano Buendía y su incapacidad de expresar el amor, pasando por todos los miembros de la familia.
FRAGMENTO:
"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. "Las cosas tienen vida propia -pregonaba el gitano con áspero acento-, todo es cuestión de despertarles el ánima." José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza, y aun más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: "Para eso no sirve." Pero José Arcadio Buendía no creía en aquel tiempo en la honradez de los gitanos, así que cambió su mulo y una partida de chivos por los dos lingotes imantados. Úrsula Iguarán, su mujer, que contaba con aquellos animales para ensanchar el desmedrado patrimonio doméstico, no consiguió disuadirlo. "Muy pronto ha de sobrarnos oro para empedrar la casa", replicó su marido. Durante varios meses se empeñó en demostrar el acierto de sus conjeturas. Exploró palmo a palmo la región, inclusive el fondo del río, arrastrando los dos lingotes de hierro y recitando en voz alta el conjuro de Melquíades. Lo único que logró desenterrar fue una armadura del siglo xv con todas sus partes soldadas por un cascote de óxido, cuyo interior tenía la resonancia hueca de un enorme calabazo lleno de piedras. Cuando José Arcadio Buendía y los cuatro hombres de su expedición lograron desarticular la armadura, encontraron dentro un esqueleto calcificado que llevaba colgado en el cuello un relicario de cobre con un rizo de mujer.
En marzo volvieron los gitanos. Esta vez llevaban un catalejo y una lupa del tamaño de un tambor, que exhibieron como el último descubrimiento de los judíos de Amsterdam. Sentaron una gitana en un extremo de la aldea e instalaron el catalejo a la entrada de la carpa. Mediante el pago de cinco reales, la gente se asomaba al catalejo y veía a la gitana al alcance de su mano. "La ciencia ha eliminado las distancias", pregonaba Melquíades. "Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en cualquier lugar de la tierra, sin moverse de su casa." Un mediodía ardiente hicieron una asombrosa demostración con la lupa gigantesca: pusieron un montón de hierba seca en mitad de la calle y le prendieron fuego mediante la concentración de los rayos solares. José Arcadio Buendía, que aún no acababa de consolarse por el fracaso de sus imanes, concibió la idea de utilizar aquel invento como un arma de guerra. Melquíades, otra vez, trató de disuadirlo. Pero terminó por aceptar los dos lingotes imantados y tres piezas de dinero colonial a cambio de la lupa. Úrsula lloró de consternación. Aquel dinero formaba parte de un cofre de monedas de oro que su padre había acumulado en toda una vida de privaciones, y que ella había enterrado debajo de la cama en espera de una buena ocasión para invertirlas. José Arcadio Buendia no trató siquiera de consolarla, entregado por entero a sus experimentos tácticos con la abnegación de un científico y aun a riesgo de su propia vida. Tratando de demostrar los efectos de la lupa en la tropa enemiga, se expuso él mismo a la concentración de los rayos solares y sufrió quemaduras que se convirtieron en úlceras y tardaron mucho tiempo en sanar. Ante las protestas de su mujer, alarmada por tan peligrosa inventiva, estuvo a punto de incendiar la casa. Pasaba largas horas en su cuarto, haciendo cálculos sobre las posibilidades estratégicas de su arma novedosa, hasta que logró componer un manual de una asombrosa claridad didáctica y un poder de convicción irresistible. Lo envió a las autoridades acompañado de numerosos testimonios sobre sus experiencias y de varios pliegos de dibujos explicativos, al cuidado de un mensajero que atravesó la sierra, se extravió en pantanos desmesurados, remontó ríos tormentosos y estuvo a punto de perecer bajo el azote de las fieras, la desesperación y la peste, antes de conseguir una ruta de enlace con las mulas del correo. A pesar de que el viaje a la capital era en aquel tiempo poco menos que imposible, José Arcadio Buendía prometía intentarlo tan pronto como se lo ordenara el gobierno, con el fin de hacer demostraciones prácticas de su invento ante los poderes militares, y adiestrarlos personalmente en las complicadas artes de la guerra solar. Durante varios años esperó la respuesta. Por último, cansado de esperar, se lamentó ante Melquíades del fracaso de su iniciativa, y el gitano dio entonces una prueba convincente de honradez: le devolvió los doblones a cambio de la lupa, y le dejó además unos mapas portugueses y varios instrumentos de navegación. De su puño y letra escribió una apretada síntesis de los estudios del monje Hermann, que dejó a su disposición para que pudiera servirse del astrolabio, la brújula y el sextante. José Arcadio Buendía pasó los largos meses de lluvia encerrado en un cuartito que construyó en el fondo de la casa para que nadie perturbara sus experimentos. Habiendo abandonado por completo las obligaciones domésticas, permaneció noches enteras en el patio vigilando el curso de los astros, y estuvo a punto de contraer una insolación por tratar de establecer un método exacto para encontrar el mediodía. Cuando se hizo experto en el uso y manejo de sus instrumentos, tuvo una noción del espacio que le permitió navegar por mares incógnitos, visitar territorios deshabitados y trabar relación con seres espléndidos, sin necesidad de abandonar su gabinete. Fue esa la época en que adquirió el hábito de hablar a solas, paseándose por la casa sin hacer caso de nadie, mientras Úrsula y los niños se partían el espinazo en la huerta cuidando el plátano y la malanga, la yuca y el ñame, la ahuyama y la berenjena. De pronto, sin ningún anuncio, su actividad febril se interrumpió y fue sustituida por una especie de fascinación. Estuvo varios días como hechizado, repitiéndose a si mismo en voz baja un sartal de asombrosas conjeturas, sin dar crédito a su propio entendimiento. Por fin, un martes de diciembre, a la hora del almuerzo, soltó de un golpe toda la carga de su tormento. Los niños habían de recordar por el resto de su vida la augusta solemnidad con que su padre se sentó a la cabecera de la mesa, temblando de fiebre, devastado por la prolongada vigilia y por el encono de su imaginación, y les reveló su descubrimiento:
-La tierra es redonda como una naranja."
Enlace Wikipedia: Cien años de soledad

jueves, 4 de septiembre de 2008

Miguel Delibes



Cursaba 8º de básica cuando D. Anselmo Velasco, aquel excelente profesor de literatura, tan buen enseñante cómo mala persona, pidió que leyeramos "Las Ratas" y tuve que añadirlo al pedido del círculo de lectores. Tenía muchos prejuicios, esperaba un tostón, acostumbrado a Dumas, Salgari, Verne, Poe...pero me abrió las puertas a un nuevo mundo. Ese realismo social tan crudo y sucio, me impactó. La misérrima vida que lleva Nini y su padre "el tío ratero", estaban tan bien descritas que me dejaron una onda impresión.
Años más tarde,mucho más tarde, en la cuesta de Moyano compré por 25 pts. "Señora de rojo sobre fondo gris", que me leí de un tirón, y me pareció aun mejor, que las desventuras del Nini .
Hace menos tiempo, adquirí "el Hereje" el cual me defraudó bastante, y es que en esta vida, a veces todo depende de las espectativas que uno se crea.
Es curioso, pero no recuerdo la trama de Las Ratas y sin embargo si me acuerdo de como se llamaba la perra que les ayudaba a cazarlas, era Fa (tampoco es un nombre muy difícil), y de doña Resu (el úndecimo mandamiento).
Lo pongo en mi lista de pendientes de releer, ahora que lo he encontrado.
El sentimiento contradictorio de recordar y agradecer algo tan importante como la pasión por la literatura, a un oscuro personaje como el padre Anselmo, vuelve a reavivar la teoría del Yin y el Yan.

jueves, 21 de agosto de 2008

Opiniones contundentes- Nabokov

Cuando entro en una librería, lo hago cómo un niño en una juguetería, esperando que los títulos o los autores me asalten la imaginación y creen en mi la necesidad de poseerlos. Esta táctica me ha deparado alguna sorpresa gozosa y unos cuantos tostones. Este verano, acudí a pertrecharme de algunos ejemplares para practicar el "canibalibro" playero, leí el título y a la saca. He de decir que lo disfruté.
Fragmentos
"...Soy un escritor norteamericano, nacido en Rusia y educado en Inglaterra, donde estudié literatura francesa antes de pasar quince años en Alemania...Pero la mejor parte de la biografía de un escritor no es la crónica de sus aventuras, sino la historia de su estilo."
"...Placer y agonía mientras compongo el libro en la mente, irritación aguda cuando lucho con mis instrumentos y mis vísceras... el lápiz que hay que volver a afilar, la ficha que hay que volver a escribir, la vejiga que hay que vaciar, la palabra que siempre escribo erróneamente y cuya ortografía tengo que verificar... Luego, la tarea de leer la versión a máquina preparada por una secretaria, la corrección de mis errores graves y los errores leves de ella, pasando las correcciones a las demás copias, traspapelando las hojas, tratando de recordar algo que debía tacharse o insertarse ... La repetición del proceso al corregir las pruebas ... Y desempaquetar el precioso y rotundo ejemplar anticipado, abrirlo... y descubrir un descuido estúpido cometido por mí, que sobrevive con mi permiso ... Al cabo de aproximadamente un mes me habitúo a la etapa final del libro, a que haya sido desahijado de mi cerebro.Entonces lo miro con una especie de ternura divertida, no como se mira a un hijo, sino a la joven esposa del hijo."
"Mis odios son simples: la estupidez, la opresión, el crimen, la crueldad, la música ligera."
"Mis placeres son los más intensos conocidos por el hombre: escribir y cazar mariposas"
"Mis obras maestras más grandes de la prosa del siglo XX son, en este orden: Ulysses de Joyce, La Metamorfosis de Kafka, Petersburg de Bely y la primera mitad del cuento de hadas de Proust En busca del tiempo perdido"
"No odio a uno, sino a cuatro doctores: el Dr. Freud ("No puedo concebir que nadie en su sano juicio acuda a un psicoanalista"), el Dr. Zhivago, el Dr. Schweitzer y el Dr. Castro."
"Los placeres de la lectura, la dicha, la felicidad de una frase es compartida por escritor y lector. Escribir para el placer de un solo lector... uno mismo."




lunes, 18 de agosto de 2008

El lobo estepario



"Así estaban las cosas con el lobo estepario, y es fácil imaginarse que Harry no llevaba precisamente un vida agradable y venturosa. Pero con esto no se quiere decir que fuera desgraciado en una medida singularísima (aunque a él mismo así le pareciese, como todo hombre cree que los sufrimientos que le han tocado en suerte son los mayores del mundo). Esto no debiera decirse de ninguna persona. Quien no lleva dentro un lobo, no tiene por eso que ser feliz tampoco. Y hasta la vida más desgraciada tiene también sus horas luminosas y sus pequeñas flores de ventura entre la arena y el peñascal. Y esto ocurría también al lobo estepario.

Por lo general, era muy desgraciado, eso no puede negarse, y también podía hacer desgraciados a otros, especialmente si los amaba y ellos a él. Pues en él más que uno de los dos lados. Algunos le querían como hombre distinguido, inteligente y original y se quedaban aterrados y defraudados cuando de pronto descubrían en él al lobo. Y esto era irremediable, pues Harry quería, como todo individuo, ser amado en su totalidad y no podía, por lo mismo, principalmente ante aquellos cuyo afecto le importaba mucho, esconder al lobo y repudiarlo. Pero también había otros que precisamente amaban en él al lobo, precisamente a lo espontáneo, salvaje, indómito, peligroso y violento, y a éstos, a su vez, les producía luego extraordinaria decepción y pena que de pronto el fiero y perverso lobo fuera además un hombre, tuviera dentro de sí afanes de bondad y de dulzura y quisiera además escuchar a Mozart, leer versos y tener ideales de humanidad. "

Hermann Hesse "El lobo estepario"

jueves, 17 de julio de 2008

El viejo y el mar

Fragmento
"-¿Lo recuerdas realmente o es que yo te lo he
contado?
-Lo recuerdo todo, desde la primera vez que
salimos juntos.
El viejo lo miró con sus amorosos y confiados
ojos quemados por el sol.
-Si fueras hijo mío, me arriesgaría a llevarte
-dijo.. Pero tú eres de tu padre y de tu madre, y
trabajas en un bote que tiene suerte.
-¿Puedo ir a buscarle las sardinas? También sé dónde conseguir cuatro carnadas.
Tengo las mías, que me han sobrado de hoy. Las puse en sal en la caja.
-Déjeme traerle cuatro cebos frescos.
Uno-dijo el viejo. Su fe y su esperanza no le habían fallado nunca. Pero ahora empezaban a revigorizarse como cuando se levanta la brisa.
Dos -dijo el muchacho.
Dos -aceptó el viejo- . ¿No los has robado?
-Lo hubiera hecho -dijo el muchacho- Pero éstos los compré.
Gracias -dijo el viejo- Era demasiado simple para preguntarse cuándo había alcanzado la humildad. Pero sabía que la había alcanzado y sabía que
no era vergonzoso y que no comportaba pérdida del orgullo verdadero.
-Con esta brisa ligera, mañana va a hacer buen día -dijo.
-¿A dónde piensa ir? -le preguntó el muchacho.
-Saldré lejos para regresar cuando cambie el viento. Quiero estar fuera antes que sea de día.
-Voy a hacer que mi patrón salga lejos a trabajar -dijo el muchacho- Si usted engancha algo realmente grande, podremos ayudarle.
-A tu patrón no le gusta salir demasiado lejos.
-No .dijo el muchacho., pero yo veré algo que él no podrá ver: un ave trabajando, por ejemplo. Así haré que salga siguiendo a los dorados.
-¿Tan mala tiene la vista?
-Está casi ciego.
-Es extraño -dijo el viejo-. Jamás ha ido a la pesca de tortugas. Eso es lo que mata los ojos.
-Pero usted ha ido a la pesca de tortugas durante varios años, por la costa de los Mosquitos, y tiene buena vista.
-Yo soy un viejo extraño.
-Pero, ¿ahora se siente bastante fuerte como para un pez realmente grande?
-Creo que sí. Y hay muchos trucos."

El viejo y el mar (The Old Man and the Sea) 1952



Colocando los libros en la buhardilla, he visto la portada de este librito, de Ernest Hemingway, que adquirí en el Círculo de lectores, allá por 1980. La caja de los recuerdos se entreabre y dejo los libros por el suelo y me siento a releer. Las sensaciones son distintas. Ahora el libro desprende olor a viejo. Viejo, como Santiago el protagonista, que pelea hasta la extenuación contra un Swordfish enorme.

Al pasar sus páginas encuentro subrayada una frase “el hombre no está hecho para la derrota; un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”. Recuerdo el momento en el que con un lápiz diminuto, tracé esa irregular línea por debajo del texto; estaba tumbado en la terraza , era una tarde de verano y todos dormían.

La pelea del anciano pescador cubano, con el simbólico pez espada es extraordinaria, en ocasiones le lleva hasta la deseperación, pero nunca tira la toalla y siempre deja lugar a la esperanza.
Hemingway conocedor de los textos de Marx, estaba convencido de que el hombre es dueño de su propio destino y del mundo que le rodea, sibilinamente vuelca este pensamiento en el protagonista que cree que su destino puede y debe ser cambiado, aunque para ello sabe que tendrá que pelear con todas sus fuerzas.
Se producen situaciones límite, y es en esos momentos cuando valoramos cada cosa que tenemos, por insignificante que sea.
Hay un momento desesperado que el viejo agradece mucho la presencia de una simple golondrina que se posa en la barca. En otras circunstancias no hubiera reparado en ella, pero en las situaciones en las que no tenemos nada más, tenemos una perspectiva diferente.
Cuando aceptamos nuestro Mahtub, la resignación también debe formar parte de nosotros. Esto es lo que le ocurre a Santiago. No se da nunca por vencido, pero, a pesar de su colosal esfuerzo, el viejo acepta con entereza y dignidad la ley de la naturaleza.

martes, 4 de marzo de 2008

Todos los nombres- José Saramago


Hoy he referenciado este libro en Palabras de arena. Lo leí hace algunos años, y tuve el placer, en la feria del libro de Madrid, de que me lo firmára el propio Saramago.
No es uno de mis predilectos, pero es sin duda, un gran libro que resiste cuantas relecturas queramos hacer. Toca muy de refilón el amor, pero bucea en el alma humana cómo sólo el sabe hacer.
Además es de los pocos libros que conozco, donde se describe lo peor y lo mejor del funcionariado.