domingo, 21 de septiembre de 2008

Gabriel García Márquez

Gabriel José de la Concordia García Márquez, "Gabo", escritor colombiano, premio Nobel de Literarura en 1982. No era muy bien visto por el claustro de profesores de los salesianos, por sus tendencias izquierdosas, pero al estar incluida su obra en el plan de estudios...tuvieron que tragar y así leímos "100 años de soledad" y "el coronel no tiene quien le escriba".
Años más tarde leí "El amor en los tiempos del cólera", que recientemente ha sido llevada al cine y particularmente me parece que con escasa fortuna.
Sin duda uno de mis escritores de cabecera del que tengo aparcadas por la buhardilla "Vivir para contarla" (un regalo de alguien especial) y "Memorias de mis putas tristes", ambas esperando el momento de que las lea.


Enlace Wikipedia: Gabriel García Márquez

100 años de soledad


¿Quién no ha disfrutado de esta obra maestra?
El realismo mágico, (que paradoja tan extraordinaria) prácticamente nace en Macondo de la estirpe de los Buendía, aunque también Pedro Páramo de Juan Rulfo comparta paternidad.
La soledad como un maldición hereditaria atraviesa todas sus páginas, empezando por el coronel Aureliano Buendía y su incapacidad de expresar el amor, pasando por todos los miembros de la familia.
FRAGMENTO:
"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. "Las cosas tienen vida propia -pregonaba el gitano con áspero acento-, todo es cuestión de despertarles el ánima." José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza, y aun más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: "Para eso no sirve." Pero José Arcadio Buendía no creía en aquel tiempo en la honradez de los gitanos, así que cambió su mulo y una partida de chivos por los dos lingotes imantados. Úrsula Iguarán, su mujer, que contaba con aquellos animales para ensanchar el desmedrado patrimonio doméstico, no consiguió disuadirlo. "Muy pronto ha de sobrarnos oro para empedrar la casa", replicó su marido. Durante varios meses se empeñó en demostrar el acierto de sus conjeturas. Exploró palmo a palmo la región, inclusive el fondo del río, arrastrando los dos lingotes de hierro y recitando en voz alta el conjuro de Melquíades. Lo único que logró desenterrar fue una armadura del siglo xv con todas sus partes soldadas por un cascote de óxido, cuyo interior tenía la resonancia hueca de un enorme calabazo lleno de piedras. Cuando José Arcadio Buendía y los cuatro hombres de su expedición lograron desarticular la armadura, encontraron dentro un esqueleto calcificado que llevaba colgado en el cuello un relicario de cobre con un rizo de mujer.
En marzo volvieron los gitanos. Esta vez llevaban un catalejo y una lupa del tamaño de un tambor, que exhibieron como el último descubrimiento de los judíos de Amsterdam. Sentaron una gitana en un extremo de la aldea e instalaron el catalejo a la entrada de la carpa. Mediante el pago de cinco reales, la gente se asomaba al catalejo y veía a la gitana al alcance de su mano. "La ciencia ha eliminado las distancias", pregonaba Melquíades. "Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en cualquier lugar de la tierra, sin moverse de su casa." Un mediodía ardiente hicieron una asombrosa demostración con la lupa gigantesca: pusieron un montón de hierba seca en mitad de la calle y le prendieron fuego mediante la concentración de los rayos solares. José Arcadio Buendía, que aún no acababa de consolarse por el fracaso de sus imanes, concibió la idea de utilizar aquel invento como un arma de guerra. Melquíades, otra vez, trató de disuadirlo. Pero terminó por aceptar los dos lingotes imantados y tres piezas de dinero colonial a cambio de la lupa. Úrsula lloró de consternación. Aquel dinero formaba parte de un cofre de monedas de oro que su padre había acumulado en toda una vida de privaciones, y que ella había enterrado debajo de la cama en espera de una buena ocasión para invertirlas. José Arcadio Buendia no trató siquiera de consolarla, entregado por entero a sus experimentos tácticos con la abnegación de un científico y aun a riesgo de su propia vida. Tratando de demostrar los efectos de la lupa en la tropa enemiga, se expuso él mismo a la concentración de los rayos solares y sufrió quemaduras que se convirtieron en úlceras y tardaron mucho tiempo en sanar. Ante las protestas de su mujer, alarmada por tan peligrosa inventiva, estuvo a punto de incendiar la casa. Pasaba largas horas en su cuarto, haciendo cálculos sobre las posibilidades estratégicas de su arma novedosa, hasta que logró componer un manual de una asombrosa claridad didáctica y un poder de convicción irresistible. Lo envió a las autoridades acompañado de numerosos testimonios sobre sus experiencias y de varios pliegos de dibujos explicativos, al cuidado de un mensajero que atravesó la sierra, se extravió en pantanos desmesurados, remontó ríos tormentosos y estuvo a punto de perecer bajo el azote de las fieras, la desesperación y la peste, antes de conseguir una ruta de enlace con las mulas del correo. A pesar de que el viaje a la capital era en aquel tiempo poco menos que imposible, José Arcadio Buendía prometía intentarlo tan pronto como se lo ordenara el gobierno, con el fin de hacer demostraciones prácticas de su invento ante los poderes militares, y adiestrarlos personalmente en las complicadas artes de la guerra solar. Durante varios años esperó la respuesta. Por último, cansado de esperar, se lamentó ante Melquíades del fracaso de su iniciativa, y el gitano dio entonces una prueba convincente de honradez: le devolvió los doblones a cambio de la lupa, y le dejó además unos mapas portugueses y varios instrumentos de navegación. De su puño y letra escribió una apretada síntesis de los estudios del monje Hermann, que dejó a su disposición para que pudiera servirse del astrolabio, la brújula y el sextante. José Arcadio Buendía pasó los largos meses de lluvia encerrado en un cuartito que construyó en el fondo de la casa para que nadie perturbara sus experimentos. Habiendo abandonado por completo las obligaciones domésticas, permaneció noches enteras en el patio vigilando el curso de los astros, y estuvo a punto de contraer una insolación por tratar de establecer un método exacto para encontrar el mediodía. Cuando se hizo experto en el uso y manejo de sus instrumentos, tuvo una noción del espacio que le permitió navegar por mares incógnitos, visitar territorios deshabitados y trabar relación con seres espléndidos, sin necesidad de abandonar su gabinete. Fue esa la época en que adquirió el hábito de hablar a solas, paseándose por la casa sin hacer caso de nadie, mientras Úrsula y los niños se partían el espinazo en la huerta cuidando el plátano y la malanga, la yuca y el ñame, la ahuyama y la berenjena. De pronto, sin ningún anuncio, su actividad febril se interrumpió y fue sustituida por una especie de fascinación. Estuvo varios días como hechizado, repitiéndose a si mismo en voz baja un sartal de asombrosas conjeturas, sin dar crédito a su propio entendimiento. Por fin, un martes de diciembre, a la hora del almuerzo, soltó de un golpe toda la carga de su tormento. Los niños habían de recordar por el resto de su vida la augusta solemnidad con que su padre se sentó a la cabecera de la mesa, temblando de fiebre, devastado por la prolongada vigilia y por el encono de su imaginación, y les reveló su descubrimiento:
-La tierra es redonda como una naranja."
Enlace Wikipedia: Cien años de soledad

jueves, 4 de septiembre de 2008

Miguel Delibes



Cursaba 8º de básica cuando D. Anselmo Velasco, aquel excelente profesor de literatura, tan buen enseñante cómo mala persona, pidió que leyeramos "Las Ratas" y tuve que añadirlo al pedido del círculo de lectores. Tenía muchos prejuicios, esperaba un tostón, acostumbrado a Dumas, Salgari, Verne, Poe...pero me abrió las puertas a un nuevo mundo. Ese realismo social tan crudo y sucio, me impactó. La misérrima vida que lleva Nini y su padre "el tío ratero", estaban tan bien descritas que me dejaron una onda impresión.
Años más tarde,mucho más tarde, en la cuesta de Moyano compré por 25 pts. "Señora de rojo sobre fondo gris", que me leí de un tirón, y me pareció aun mejor, que las desventuras del Nini .
Hace menos tiempo, adquirí "el Hereje" el cual me defraudó bastante, y es que en esta vida, a veces todo depende de las espectativas que uno se crea.
Es curioso, pero no recuerdo la trama de Las Ratas y sin embargo si me acuerdo de como se llamaba la perra que les ayudaba a cazarlas, era Fa (tampoco es un nombre muy difícil), y de doña Resu (el úndecimo mandamiento).
Lo pongo en mi lista de pendientes de releer, ahora que lo he encontrado.
El sentimiento contradictorio de recordar y agradecer algo tan importante como la pasión por la literatura, a un oscuro personaje como el padre Anselmo, vuelve a reavivar la teoría del Yin y el Yan.

jueves, 21 de agosto de 2008

Opiniones contundentes- Nabokov

Cuando entro en una librería, lo hago cómo un niño en una juguetería, esperando que los títulos o los autores me asalten la imaginación y creen en mi la necesidad de poseerlos. Esta táctica me ha deparado alguna sorpresa gozosa y unos cuantos tostones. Este verano, acudí a pertrecharme de algunos ejemplares para practicar el "canibalibro" playero, leí el título y a la saca. He de decir que lo disfruté.
Fragmentos
"...Soy un escritor norteamericano, nacido en Rusia y educado en Inglaterra, donde estudié literatura francesa antes de pasar quince años en Alemania...Pero la mejor parte de la biografía de un escritor no es la crónica de sus aventuras, sino la historia de su estilo."
"...Placer y agonía mientras compongo el libro en la mente, irritación aguda cuando lucho con mis instrumentos y mis vísceras... el lápiz que hay que volver a afilar, la ficha que hay que volver a escribir, la vejiga que hay que vaciar, la palabra que siempre escribo erróneamente y cuya ortografía tengo que verificar... Luego, la tarea de leer la versión a máquina preparada por una secretaria, la corrección de mis errores graves y los errores leves de ella, pasando las correcciones a las demás copias, traspapelando las hojas, tratando de recordar algo que debía tacharse o insertarse ... La repetición del proceso al corregir las pruebas ... Y desempaquetar el precioso y rotundo ejemplar anticipado, abrirlo... y descubrir un descuido estúpido cometido por mí, que sobrevive con mi permiso ... Al cabo de aproximadamente un mes me habitúo a la etapa final del libro, a que haya sido desahijado de mi cerebro.Entonces lo miro con una especie de ternura divertida, no como se mira a un hijo, sino a la joven esposa del hijo."
"Mis odios son simples: la estupidez, la opresión, el crimen, la crueldad, la música ligera."
"Mis placeres son los más intensos conocidos por el hombre: escribir y cazar mariposas"
"Mis obras maestras más grandes de la prosa del siglo XX son, en este orden: Ulysses de Joyce, La Metamorfosis de Kafka, Petersburg de Bely y la primera mitad del cuento de hadas de Proust En busca del tiempo perdido"
"No odio a uno, sino a cuatro doctores: el Dr. Freud ("No puedo concebir que nadie en su sano juicio acuda a un psicoanalista"), el Dr. Zhivago, el Dr. Schweitzer y el Dr. Castro."
"Los placeres de la lectura, la dicha, la felicidad de una frase es compartida por escritor y lector. Escribir para el placer de un solo lector... uno mismo."




Vladimir Nabokov



Nació en San Petesburgo el 10 de abril de 1899 y murió el 2 de julio de 1977 en Montreux. Ecritor de origen ruso, nacionalizado estadounidense. Comenzó escribiendo en ruso para posteriormente alcanzar la fama usando la lengua inglesa. Estudioso del ajedrez y amante de las mariposas (llegó a publicar interesantes contribuiciones sobre lepidópteros), escribía sus obras usando el lápiz.

Alcanzó fama internacional con su obra Lolita(1955), sobre todo tras la realización de la película de Stanley KUBRICK (1962) con banda sonora de Ennio Morricone y una inconmensurable interpretación de James Mason.

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lunes, 18 de agosto de 2008

Hermann Hesse


Poeta y novelista alemán; nació en Calw (Selva Negra) el 2 de Julio de 1877, murió en Montagnola (Suiza) el 9 de agosto de 1962. Continuador de la línea del romanticismo alemán e intérprete al mismo tiempo de los problemas de la sociedad moderna. El tema central de su obra es la inquietud del hombre en busca de su destino.
Hijo de un pastor protestante, ingresó en 1891 en el seminario de Maulbronn, que abandonó al año siguiente; trabajó primero como mecánico y luego de librero.
En 1903 viajó a Italia y en 1911 a la India. Vivió varios años en Berna y, desde 1919, en Montagnola, junto a Lugano. En 1946 obtuvo el premio Nobel de Literatura.
Las raíces espirituales de Hesse hay que buscarlas en el pietismo al que vino a unirse la experiencia del Lejano Oriente. Entre estos dos polos busca el auténtico ideal humano.
Sus obras son en gran parte confesión de su interior. En su edad madura intenta armonizar los valores éticos y estéticos, la sabiduría del Oriente y la del Occidente. Su lenguaje es sencillo, fluido y musical y sabe expresar los más diversos matices del sentimiento. Sus principales novelas son :
Peter Camenzind (1904), historia de un vagabundo con rasgos autobiográficos;
Unterm Rad (Bajo la rueda), 1906, en la que critica la educación escolar; Gertrud (1910) y Rosshalde (1914), que tratan del conflicto entre la vocación artística y los deberes conyugales
Demian (1919), que es de nuevo la historia de un joven en busca de su destino
Siddharta (1922), en que varía el tema de la novela anterior poniendo por fondo el mundo de la India
Der Steppenwolf (El lobo estepario), 1927, muestra como en el hombre hay como mínimo dos almas: una humana y otra de lobo
Narziss und Goldmund (1930) representan al asceta y al esteta
Das Glasperlenspiel (El juego de las perlas de cristal), 1943, es la utopía de una orden de hombres espirituales dedicados a la contemplación.

El lobo estepario



"Así estaban las cosas con el lobo estepario, y es fácil imaginarse que Harry no llevaba precisamente un vida agradable y venturosa. Pero con esto no se quiere decir que fuera desgraciado en una medida singularísima (aunque a él mismo así le pareciese, como todo hombre cree que los sufrimientos que le han tocado en suerte son los mayores del mundo). Esto no debiera decirse de ninguna persona. Quien no lleva dentro un lobo, no tiene por eso que ser feliz tampoco. Y hasta la vida más desgraciada tiene también sus horas luminosas y sus pequeñas flores de ventura entre la arena y el peñascal. Y esto ocurría también al lobo estepario.

Por lo general, era muy desgraciado, eso no puede negarse, y también podía hacer desgraciados a otros, especialmente si los amaba y ellos a él. Pues en él más que uno de los dos lados. Algunos le querían como hombre distinguido, inteligente y original y se quedaban aterrados y defraudados cuando de pronto descubrían en él al lobo. Y esto era irremediable, pues Harry quería, como todo individuo, ser amado en su totalidad y no podía, por lo mismo, principalmente ante aquellos cuyo afecto le importaba mucho, esconder al lobo y repudiarlo. Pero también había otros que precisamente amaban en él al lobo, precisamente a lo espontáneo, salvaje, indómito, peligroso y violento, y a éstos, a su vez, les producía luego extraordinaria decepción y pena que de pronto el fiero y perverso lobo fuera además un hombre, tuviera dentro de sí afanes de bondad y de dulzura y quisiera además escuchar a Mozart, leer versos y tener ideales de humanidad. "

Hermann Hesse "El lobo estepario"