domingo, 18 de abril de 2010

La abandonada- Gabriela Mistral




...Denme ahora las palabras
que no me dio la nodriza.
Las balbucearé demente
de la sílaba a la sílaba:
palabra “expolio”, palabra “nada”,
y palabra “postrimería”,
¡aunque se tuerzan en mi boca
como las víboras mordidas!

Me he sentado a mitad de la Tierra,
amor mío, a mitad de la vida,
a abrir mis venas y mi pecho,
a mondarme en granada viva,
y a romper la caoba roja
de mis huesos que te querían.

Estoy quemando lo que tuvimos:
los anchos muros, las altas vigas,
descuajando una por una
las doce puertas que abrías
y cegando a golpes de hacha
el aljibe de la alegría..."

Es sólo un fragmento del hermoso poema de Gabriela Mistral, y sacado un poco de contexto.

Poema completo

domingo, 14 de marzo de 2010

Señora de Rojo sobre fondo gris




Estaba en la oficina, el viernes, cuando me enteré que Miguel Delibes había muerto, y aunque su muerte no me resultaba inesperada, no por ello dejó de entistecerme. Al conocer la noticia automáticamente me acordé de esta novela. Recuerdo que leerla me ayudó a comprender el dolor (propio y ajeno) y que me emocionó la segunda vez que lo leí, tanto o más que la primera.




Señora de rojo sobre fondo gris es el monólogo de un afamado pintor (Nicolás) sumido en una crisis creativa, que va contando a una de sus hijas, encarcelada por motivos políticos, cómo ha vivido la enfermedad y muerte de su mujer (Ana). Una novela agridulce sobre el Amor, la muerte y la felicidad que vivimos a veces sin enterarnos.



Al llegar a casa busqué el libro y vi un montón de párrafos subrayados de los cuales he entresacado los siguientes:


"No ignoro que el recurso de beber es un viejo truco pero ¿conoces tú alguno más eficaz para escapar de ti mismo?"



"Nos bastaba mirarnos y sabernos. Nada importaba los silencios, el tedio de las primeras horas de la tarde. Estábamos juntos y era suficiente. Cuando ella se fue, todavía lo vi más claro: aquellas sobremesas sin palabra, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida, eran sencillamente la felicidad."



"Lo nuestro fue una especie de convenio tácito, con ciertas vacilaciones al principio, pero definitivamente implantado tras la medalla del Salón de Otoño. Ese premio nos cambió la vida. Trajo consigo un despegue y una ampliación de horizontes, que nos indujo a preocuparnos más de mi trabajo, nuestros hijos y nuestro dinero. Ella asumió esta tarea espontáneamente, sin imposición de nadie. Y si yo no le pedí la gestión de nuestras cosas, tampoco consideré machista avenirme a que lo hiciera. La nuestra era una empresa de dos, uno producía y el otro administraba. Normal, ¿no? Ella nunca se sintió postergada por eso. Al contrario, le sobró habilidad para erigirse en cabeza sin derrocamiento previo. Declinaba la apariencia de autoridad, pero sabía ejercerla"


"Si la muerte es inevitable, ¿no habrá sido preferible así?"






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viernes, 5 de marzo de 2010

A un olmo seco


A un olmo seco

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Antonio Machado

sábado, 13 de febrero de 2010

Oda a la pereza

Ayer sentí que la oda
no subía del suelo.
Era hora, debía
por lo menos
mostrar una hoja verde.
Rasqué la tierra: “Sube,hermana oda-le dije-
te tengo prometida,
no me tengas miedo,
no voy a triturarte,
oda de cuatro hojas,
oda de cuatro manos,
tomarás té conmigo.
Sube,te voy a coronar entre las odas,
saldremos juntos, por la orilla
del mar, en bicicleta.
Fue inútil.Entonces,
en lo alto de los pinos,
la pereza
apareció desnuda,
me llevó deslumbrado
y soñoliento,
me descubrió en la arena
pequeños trozos rotos
de sustancias oceánicas,
maderas, algas, piedras,
plumas de algas marinas.
Busqué sin encontrar
ágatas amarillas.
El mar
llenaba los espacios
desmoronando torres,
invadiendo
las costas de mi patria,
avanzando
sucesivas catástrofes de espuma.
Sola en la arena
abría un rayo
una corola.
Vi cruzar los petreles plateados
y como cruces negras
los cormoranes
clavados en las rocas.
Liberté una abeja
que agonizaba en un velo de araña,
metí una piedrecita
en un bolsillo,
era suave, suavísima
como un pecho de un pájaro,
mientras tanto en la costa,
toda la tarde,
lucharon sol y niebla.
A vecesla niebla se impregnaba
de luz
como un topacio,
otras veces caía
un rayo de sol húmedo
dejando caer gotas amarillas.
En la noche,
pensando en los deberes de mi oda
fugitiva,me saqué los zapatos
junto al fuego,
resbaló arena de ellosy pronto fui quedándome
dormido.

Pablo Neruda

domingo, 30 de agosto de 2009

Un perro ha muerto


Un perro ha muerto

Mi perro ha muerto.

Lo enterré en el jardín

junto a una vieja máquina oxidada.

Allí, no más abajo,ni más arriba,

se juntará conmigo alguna vez.

Ahora él ya se fue con su pelaje,

su mala educación, su nariz fría.

Y yo, materialista que no cree

en el celeste cielo prometido

para ningún humano,

para este perro o para todo perro

creo en el cielo, sí, creo en un cielo

donde yo no entraré, pero él me espera

ondulando su cola de abanico

para que yo al llegar tenga amistades.

Ay no diré la tristeza en la tierra

de no tenerlo más por compañero

que para mí jamás fue un servidor.

Tuvo hacia mí la amistad de un erizo

que conservaba su soberanía,l

a amistad de una estrella independiente

sin más intimidad que la precisa,

sin exageraciones:

no se trepaba sobre mi vestuario

llenándome de pelos o de sarna,

no se frotaba contra mi rodilla

como otros perros obsesos sexuales.

No, mi perro me miraba

dándome la atención necesaria

la atención necesaria

para hacer comprender a un vanidoso

que siendo perro él,

con esos ojos, más puros que los míos,

perdía el tiempo, pero me miraba

con la mirada que me reservó

toda su dulce, su peluda vida,

su silenciosa vida,cerca de mí,

sin molestarme nunca,

y sin pedirme nada.

Ay cuántas veces quise tener cola

andando junto a él por las orillas del mar,

en el Invierno de Isla Negra,

en la gran soledad: arriba el aire

traspasando de pájaros glaciales

y mi perro brincando, hirsuto,

lleno de voltaje marino en movimiento

mi perro vagabundo y olfatorio

enarbolando su cola dorada

frente a frente al Océano y su espuma.

alegre, alegre, alegre

como los perros saben ser felices,sin nada más,

con el absolutismo de la naturaleza descarada.

No hay adiós a mi perro que se ha muerto.

Y no hay ni hubo mentira entre nosotros.

Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.


Neruda

martes, 25 de agosto de 2009

Stephen Spender


'Sujeto: Objeto: Oración', de Stephen Spender


Un sujeto pensó que por tener un verbo
con múltiples objetos regía una oración.
¿Acaso la gramática no le legó estos sustantivos
de los que tomó posesión en justa herencia?
Sus objetos son ‘vino’, ‘mujeres’ y ‘riqueza’
y una oración subordinada: ‘todo lo que la vida puede dar’.
Se aficionó tanto a poseer lo dicho que, finalmente,
se encontró a sí mismo convertido en ser subjetivado.
‘Sujeto’, advertía el diccionario, significa ‘alguien regido por
una persona o cosa’. ¿No era, pues, esclavo del ‘tener’?
Para lograr independencia debía transformarse en ‘objetivo’
lo cual significaba liberación del verbo ‘haber’.
Buscando autonomía estudió el contexto
que rodeaba a su oración, para observarla en perspectiva:
la parafraseó, realizó un análisis crítico,
volvió a leerla y se sintió más ‘objetivo’.
Después, con sobresalto, se dio cuenta de que la frase
como ‘sujeto-objeto’ es doblemente traicionera.
Una frase queda condenada a permanecer como fue expuesta
-como una ‘sentencia de vida’, como una ‘sentencia de
muerte’, por ejemplo.


Este gran poeta inglés, luchó junto a George Orwell en las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil. Fue traductor al inglés de la obra de Bertold Brecht

Traducción de Jorge Ferrer Vidal.

Leido en: 20 minutos

lunes, 3 de agosto de 2009

La catedral del mar de Ildefonso Falcones



Hace algún tiempo, una entrañable, amiga me remitió por correo este libro a modo de regalo. Quise dedicarle una lectura reposada y tranquila y he aprovechado estas vacaciones para meterlo en la maleta.
Confieso que me ha parecido entretenido, y que mi gusto por la novela histórica, me llevó a terminarlo en los dos primeros días de vacaciones.
El comienzo es fulgurante y bastante crudo, luego decae para volver a levantar el vuelo, en el tramo final.
A mi modesto entender, no dibuja los personajes con la suficiente técnica y da más prioridad a los acontecimientos y pinceladas sociales que a la visión interna de los protagonistas.
Quizá me creé, demasiadas espectativas y por eso las peripecias de Arnau que desde simple siervo, llega a Cónsul del Mar, me hayan dejado un poco frío.
Esto no quita, que agradezca a mi amiga el regalo, y que comprenda, las razones que sin duda hicieron que ella lo disfrutara con más intensidad.